miércoles, 3 de mayo de 2017

Crónica del D'A 2017 (1)

Y ya van 7. Y el Festival de Cine de Autor de Barcelona, el D'A, sigue trayendo año tras año una programación que es todo un lujo para los habitantes de Barcelona. En Lost Highway Blog no les hemos fallado nunca y en mayor o menor medida siempre hemos hecho cobertura de un festival que nos encanta, al que tenemos mucho cariño. Incluso en estos últimos años de un blog solo abierto a las grandes ocasiones. Hoy vamos a reseñar las primeras películas vistas en esta edición, con alguna que otra joya y un nivel más que aceptable. Ordenadas según mis gustos, como es tradición por estas lares. 

Personal Shopper de Olivier Assayas

El fracés Olivier Assayas lleva años siendo un cineasta interesante. Títulos como Demonlover o Boarding Gate nos mostraron su talento y al tiempo su manera personal y algo críptica de narrar sus historias. Tras grandes películas de narración algo más clásica como Carlos o Viaje a Sils Maria, vuelve a acercarse a los terrenos de la experimentación conceptual de antaño con un estilo, eso sí, mucho más estilizado y hasta podríamos decir, si se me perdona el atrevimiento, que clásico. En Personal Shopper vamos a conocer a Maureen, un mujer joven con un trabajo que no le llena y una pérdida reciente que le atormenta. Sin quererlo, se verá envuelta en una trama que pondrá en peligro su vida. Mezclando drama intimista, thriller y película de terror (y tiene algún momento terrorífico), Personal Shopper es la clase de película magnética y sugerente de la que no puedes apartar la mirada. Más si cabe, con una actriz como Kristen Stewart, que confirma (si había algo por confirmar) en esta película que es una actriz enorme, con variedad de registros, un atractivo especial y que lleva el absoluto peso de la película a sus espaldas. Críptica, quizás más de lo que debiera, Personal Shopper habla de la falta de valores de la sociedad actual que termina llevándonos a una crisis de identidad. Y para hacerlo utiliza el cine de género. Y la mezcla de toda esta fascinación y de sus narrativos recovecos oscuros hacen que uno salga del cine con la necesidad de una rápida revisión. Para cerrar aspectos grises pero sobre todo, para volver a disfrutarla. 

O Ornitologo de Joao Pedro Rodrigues

Conocí a este director portugués justamente en el D'A de hace unos años con la fantástica La última vez que vi Macao. Tenía mucha expectativa por reencontrarlo con esta película ya de título tan suguerente como O Ornitologo. Reivindicada por la crítica y revistas especializadas en varias listas como de lo mejor del 2016, la película de Rodrigues no puede dejar indiferente. Pausada, la cinta se inicia con su protagonista visionando aves desde una pequeña barca en unas zonas tranquilas de un río. Pero una repentina corriente lo arrastra y el hombre cae y pierde el conocimiento. Será rescatado por unas turistas chinas que hacen el camino de Santiago. Pero en dicho rescate empezarán una serie de problemas que arrastrarán a nuestro protagonista a situaciones mucho más peligrosas y delirantes que la de una corriente de agua. Con un estilo entre poético y onírico, O ornitologo mezclará survival con lirismo, cine queer con cine hagiográfico, en una película de aventuras y también a ratos contemplativa que tiene la capacidad de romper con todo y terminar resultando un artilugio de difícil catalogación. Entonces podrá gustar o no. A mí me gustó. Y me divirtió su atrevimiento y su estructura, aunque reconozco que en algún momento se me hizo algo indigesta. 

Lady Macbeth de William Oldroyd

Inauguró el D'A esta película inglesa que ganó el Fipresci en San Sebastián, el primer largo para cine del director de teatro y ópera William Oldroyd a partir e un relato del ruso Nikolái Leskov (y que por tanto nada tiene que ver con Shakespeare). La cinta empieza como un drama de época austero con mujer sometida y termina en las antípodas de dicho punto de partida. No haremos spoilers. Pero el peso de la película recae en la espléndida actriz Florence Pugh que transmite con poco los matices de su registro. Su primera mirada ante el primer sometimiento del marido en realidad ya lleva implícito su próximo movimiento. Con un humor a veces algo hierático pero muy negro, su clasicismo formal contrapuesto a su mirada moderna y su elenco, la película resulta victoriosa pese a algunos momentos, en especial a medio metraje, en que se queda algo estancada y no parece saber muy bien por donde debe continuar. El final y su corta duración, nos ayudan a que termine resultando un visionado agradable. 

Los decentes de Lukas Valenta Rinner

Una mujer bastante anodina, parca en palabras (para mi gusto demasiado) entra a trabajar en una casa adinerada. Debe hacer las labores y cuidar a una señora mayor algo repelente pero en el fondo aburrida y carente de compañía y a su hijo, un deportista de élite con mal carácter y amargado, que continuamente debe estar preparándose físicamente. Hasta aquí todo correcto. Se podría parecer a mil películas. Pero no. Al lado del rico barrio residencial hay una puerta corredera, tras la que se reúne una comunidad nudista. Nuestra protagonista la descubre y tras el rubor inicial, se va dejando querer cada vez más por el grupo, el contrapunto absoluto al mundo real que encuentra tras cruzar la puerta. Con un humor a veces elegante y en muchos casos salvaje, el director no deja títere con cabeza (me podéis creer) y carga contra sus personajes, tan perdidos en sus extremos como una sociedad que se nos antoja enferma. Pero nada de seriedades. La película sobrevive por su humor y queda grabada por una resolución tan opinable como a mí parecer acertada. Desquiciados estamos todos...

20th Century Women de Mike Mills

Tras hacerse un hueco en el circuito indie con Beginners, Mike Mills vuelve a lograr la atención con esta película que busca transmitir la esencia de unas mujeres (y según el título de un siglo, quizás demasiado pretencioso) que viven en la década de los 70 del siglo pasado. La película se ve con agrado, gracias a su buena recreación y a las interpretaciones de sus tres protagonistas, una sobria Annnette Bening, una frágil Greta Gerwig y una sensual (otra vez) Elle Fanning. Las historias de estas mujeres (y de un chico adolescente que nos sirve de nexo entre ellas) posee algunos momentos de intensidad dramática excelentes y algunos instantes en que la película vuela alto. Sin embargo, el guión, muy cuidado, quiere dejar tan claro que está muy bien escrito, que es tierno y trascendente y genial, que a veces suena impostado y le obliga al espectador a salirse de la película y verlo todo desde fuera. Y en esos momentos, solo nos queda Elle Fanning. 

Rester Vertical de Alain Guiraudie

Tras El desconocido del lago, uno estaba algo ansioso por descubrir que nos contaba Guiraudie en su siguiente largometraje ( y así decidir si indagar o no en su filmografía anterior). Pero por desgracia, Rester Vertical está a años luz de aquella maravilla que mezclaba géneros y soledades de forma imponente. Aquí también se pretende mostrar soledades. La de un grupo de personas que viven algo aislados en una zona rural. Mientas se buscan unos a otros más allá del sexo y la religión, el director parece más interesado en mostrarnos sexos en primer plano que en construir una historia coherente sobre las soledades de un grupo de personajes y sus circunstancias que podría haber dado mucho de sí. Pero no. A Guiraudie le interesa marcar paquete (nunca mejor dicho) y su delirio termina por agotarnos. Hay alguna escena potente (ese protagonista durmiendo con la oveja cuyo balido parece el de un bebé o esa escena final con los lobos) pero poco más. Un batiburrillo caprichoso en una historia sin sentido que pudo dar mucho de sí. Una pena. 


martes, 4 de abril de 2017

Las 12 mejores películas del cine iraní



El cine iraní suele tener unos rasgos autorales muy marcados en la mayoría de sus películas más reseñables :

1- En su inmensa mayoría de cintas los protagonistas son  niños.
2- Siempre ruedan en exteriores y estos exteriores suelen tener una importancia capital para la historia, un poco en la linea de lo que los exteriores resultaron para el neorrealismo italiano.
3- Muchas películas son muy sencillas y están explicadas como una sucesión de anécdotas pero esconden una parábola o una metáfora que el cineasta usa en forma de crítica social.
4- El ritmo es lento y a veces las historias carecen de clímax ni de final, resultando algo parecido a un trozo de vida filmada.
5- En muchos casos la frontera entre la ficción y el documental es muy leve y en algunos casos incluso se habla de cine, con fragmentos de cine dentro del cine logrando unas capas de espejos sobre la realidad difíciles de discernir.

He visto bastantes películas iraníes, pero la distribución y la forma de llegar a ellas no es muy amplia. Así que seguro me falta mucho por ver. Si alguien conoce alguna película reseñable que no esté en la lista que no dude en aportarla. Por ahora, mi lista de doce películas más recomendables del cine iraní son éstas:

12- Buda explotó por vergüernza  (2007) de Hana Makhmalbaf

Bajo la estatua del Buda que destruyeron los talibanes, aún viven miles de familias. Baktay, una niña afgana de seis años, es incitada a ir a la escuela por el hijo de sus vecinos que lee los alfabetos frente a su cueva. De camino a la escuela, es acosada por unos niños que juegan de forma cruel reflejando la sociedad tan violenta que los envuelve. Los niños pretenden lapidar a Baktay o destruirla como el Buda, o dispararla como hicieron los americanos en el laberinto de cuevas. ¿Será capaz Baktay de superar estos obstáculos para poder aprender los alfabetos en su lengua materna? (FILMAFFINITY)

Con solo 17 años Hana Makhmalbaf realizó esta irregular película, algo obvia en sus planteamientos, pero cargada de cierta fuerza crítica y cinematográfica esperanzadora para haber sido realizada por una chica de tan corta edad. Con una inolvidable interpretación de la niña protagonista Nikbakht Noruz y algunas secuencias de creciente tensión, la película resulta a veces estremecedora y a veces casi naïf. Premiada en San Sebastian con el Premio especial del Jurado.


11- La manzana (1998) de Samira Makhmalbaf

Los vecinos de un barrio de Teherán denuncian en la Dirección de Asuntos Sociales la dramática situación en la que se encuentran dos hermanas gemelas de 11 años, encerradas por su padre desde su nacimiento, alegando que sus hijas son como flores que pueden marchitarse con el sol. Cuando las autoridades toman cartas en el asunto, las hermanas quedarán libres y se enfrentarán a un nuevo mundo totalmente desconocido para ellas. (FILMAFINITY)

La ópera prima de Samira Makhmalbaf, La manzana, fue en su momento un hito debido a la corta edad de su realizadora (de nuevo 17 años), la crítica social que lleva implícita y sobretodo el hecho de que surgiese una mirada femenina en un país donde la mujer tiene un papel tan secundario. Sencilla, pausada y con planos muy bien elaborados (quizás el padre de la chica ayudaba) La manzana es tanto un grito en el desierto como un canto a la vida.


10- Close-up (1990) de Abbas Kiarostami

Un hombre llamado Hossein Sabzian pretende hacer creer a unos vecinos que es un importante director de cine. Les ofrece convertirse en protagonistas de su próxima película aprovechándose de su ingenuidad, hasta que es descubierto y empieza otra realidad para el avispado "cineasta", que será demandando por los afectados.
El prestigioso y multipremiado cineasta iraní Abbas Kiarostami, realiza una estimulante mezcla de falso documental y drama introspectivo con la que demuestra su gran amor al cine y a su Terán natal. A medio camino entre la realidad y la ficción, Kiarostami se reinventa a sí mismo para crear un film singular, tan rompedor como estimulante, abriendo las puertas hacia el debate ético y moral. Escogida por la legendaria revista Cahiers du Cinéma, como una de las 10 mejores películas del año. (FILMIN)

Pues poco más que añadir a la sinopsis de Filmin (obviamente podemos ver la película en dicho portal por 1'95 euros, además de otras que enlazaré cuando use sus sinopsis). Si antes decía de la fina linea que separa a veces en el cine iraní ficción de realidad este es el ejemplo más rompedor, del gran Abbas Kiarostami, que realiza un híbrido entre documental, mockumentary y ficción tan apasionante como de gran carga intelectual. Casi desconocida y muy reivindicable.


9- El silencio (1998) de Mohsen Makhmalbaf

Jarshid es un niño ciego de diez años que vive con su madre. Como no pueden hacer frente al alquiler de la casa en la que viven, el casero les quiere echar, razón por la cual el pequeño tiene que conseguir el dinero necesario trabajando como afinador de instrumentos musicales. (FILMAFFINITY)

Aunque la película del padre Makhmalbaf se acerca a la moda imperante en el cine iraní de cine con niños y crítica social en forma de parábola, el cineasta usa aquí los sentidos del protagonista para ofrecer una obra más artística, más abstracta y más experimental a medio camino entre el cuento y la poesía.


8- A propósito de Elly (2009) de Ashgar Farhadi

Ahmad lleva años viviendo en Alemania y ha vuelto a Irán, su país natal, para una corta visita. Sus amigos de la universidad deciden organizar una reunión de tres días en el mar Caspio. Sepideh, una de sus amigas, sabe que Ahman acaba de divorciarse de una alemana. Se ocupa de organizarlo todo e invita a Elly, la maestra de su hija, a la reunión. Elly cae bien a todos. El segundo día, Elly desaparece. El grupo se pone en contacto con su familia, pero no saben nada de ella. Todos culpan a Sepideh por invitar a Elly y estropearles la reunión. Poco a poco, el grupo cambia de opinión acerca de Elly, hasta que la verdad acaba por salir a la luz (FILMIN)

Justo antes de realizar Nader y Simin, una separación, Ashgar Farhadi ya dio signos de renovación del cine de su patria con esta película algo irregular (para mi gusto tiene una primera mitad espléndida y una segunda menos acertada) en que no hay niños, ni parábolas ni calles destruidas con gentes pobres, sino un grupo de jóvenes que se divierte con naturalidad un fin de semana. Una primera parte con reminiscencias de La aventura de Antonioni y una segunda mitad en que entra cierto tono de thriller para un film que pese a posibles fallos anuncia lo que vendrá después y que es muy reivindicable.


7- Las tortugas también vuelan (2004) de Bahman Ghodabi

La conmovedora historia de unos niños de un pueblecito del kurdistán iraquí que cada día arriesgan sus vidas desactivando minas para luego venderlas. Al mismo tiempo el pueblo busca desesperadamente una antena parabólica para conseguir noticias acerca del ataque de Estados Unidos contra Irak. (FILMIN).

Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, la película de Bahman Ghodabi también tiene niños pero está lejos de la dulzura que poseen algunas de sus predecesoras. Escalofriante y desgarradora película de denuncia que no solo entristece sino que casi aniquila al espectador por su terrible dureza. Un auténtico grito de dolor clamando justicia.


6- El globo blanco (1995) de Jafar Panahi

El 21 de marzo, primer día de la primavera, se celebra en Irán el Año Nuevo. Razieh, una niña de ocho años, sueña con conseguir el tradicional pez dorado de esas fiestas. Con la ayuda de su hermano Ali, convence a su madre de que le dé dinero para comprarlo. Pero el camino hasta la tienda donde venden peces dorados es muy largo y está lleno de peligros. Razieh, sola y desamparada, vive toda clase de peripecias antes de conseguir lo que quiere: pierde y recupera el dinero, se lo roban, se le cae por una cloaca, llega tarde a la tienda. (FILMAFFINITY)

Una de las primeras películas de Jafar Panahi con guión de Kiarostami y claro ejemplo del más brutal minimalismo argumental. La película nos muestra las pequeñas peripecias de una niña y lo que realmente importa es lo que vamos viendo a su alrededor y además termina con un plano buenísimo, que además de dar título a la película nos viene a decir que podríamos haber hecho otra película de denuncia mucho más clara pero que solo podemos sugerir. Premiada con la cámara de Oro en Cannes, uno de los títulos emblema de la cinematografía iraní.


5- Kandahar (2001) de Mohsen Makhmalbaf

Película que refleja la situación de Afganistán bajo el régimen talibán. Curiosa e involuntariamente, fue estrenada en la misma época que EEUU atacaba el mencionado país tras los atentados del 11 de Septiembre, lo que promocionó la película de forma adicional. (FILMAFFINITY)

Incluí en su momento esta película entre las mejores 200 película de la década pasada. Dije lo siguiente: " En Kandahar, Mohsen Makhmalbaf cambia a los niños protagonistas por una mujer y la inocente percepción de la realidad de éstos por una mirada mucho más atroz, que peca al principio incluso de sensacionalista (aunque quizás está en su derecho) pero que mezcla costumbrismo, con un humor surrealista desconcertante y brutalidad con imágenes de una poética sublime. Makhmalbaf nos muestra la realidad de un Afganistán de antes de la guerra con EEUU, cuando una mujer que se exilió en Irán decide acudir al rescate de su hermana que permaneció en la capital afganesa, Kandahar, y que ya no soporta tanta opresión. Una bella mirada cubierta por un burka, un hermoso paisaje lleno de devastación, gente encerrada en una cárcel sin rejas, gestos, colores. Una propuesta tan pequeña como necesaria".


4- ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987) de Abbas Kiarostami

Historia de un alumno que busca la casa de un compañero para devolverle su cuaderno. En la escuela del pueblo de Koker, al norte de Irán, Mohamed no ha hecho los ejercicios en el cuaderno y el profesor le amenaza con la expulsión si vuelve a repetir la misma falta. Esa misma tarde, su compañero, Ahmed, toma por equivocación el cuaderno de Mohamed y cuando decide ir a buscar la casa de su amigo para devolvérselo, se pierde en la noche. Un canto a la solidaridad protagonizada por un niño, capaz de atravesar a pie kilómetros de campos en mitad de la noche por evitar el mal de su compañero. (FILMAFFINITY)

Seguramente la primera película (o la primera que se conoce en Occidente) iraní con historia muy pequeñita y protagonizada por niños. Muy sencilla, muy minimalista, cargada de buenos sentimientos, con paisajes muy abiertos y pequeños gestos, esta parábola con moraleja sigue siendo una de las más conocidas y valoradas del cine de Irán. Con ella se dio a conocer Abbas Kiarostami.


3- Niños del paraíso (1997) de Majid Majidi

Los zapatos de la pequeña Zhore han desaparecido. Su hermano mayor Ali los ha perdido. Son pobres, y no tienen para unos zapatos nuevos. Pero ellos dan con una idea para que Zhore tenga sus zapatos: compartir los de Ali... (FILMAFFINITY)

En la misma tradición que la película que nos precede, cine con niños y parábola con buenas intenciones, Majid Majidi teje un film con pocos medios pero muy emotivo sobre unos hermanos que deben compartir sus zapatos en el día a día. Triste, poética, esperanzadora y muy en el fondo desgarradora, el cineasta iraní logra el milagro casi sin presupuesto pero con mucha sensibilidad y cariño. Su película estuvo nominada al Oscar. Para todos los públicos.


2- Nader y Simin, una separación (2011) de Asghar Farhadi

Cuando su esposa le deja, Nader contrata a una joven para que cuide de su padre enfermo. Pero no sabe que la mujer no solo está embarazada, sino que trabaja sin el consentimiento de su perturbado marido. Nader no tarda en encontrarse en medio de una maraña de mentiras, manipulaciones y enfrentamientos.(FILMIN).

Pues una de las películas del pasado año, ganadora de múltiples premios que comenzaron con el Oso de Oro en Berlín y terminaron con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. La historia de dos matrimonios a los que un percance enemista levanta con suma sutilidad los problemas de las relaciones entre los humanos en un film sin culpables, solo con víctimas y con el Irán actual como telón de fondo. Imprescindible.


1- El sabor de las cerezas (1997) de Abbas Kiarostami

Ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1997, Abbas Kiarostami consiguió el reconocimiento internacional con la historia de un hombre de mediana edad dominado por el deseo de suicidarse. Su única preocupación es encontrar a alguien que le ayude y se comprometa a enterrarlo. En su búsqueda conocerá a una gran variedad de personajes. (FILMIN)

Obra maestra del mejor cineasta iraní de todos los tiempos, ganadora de la Palma de Oro en Cannes y solo apta para los cinéfilos más inteligentes, la historia de un hombre que circula con su coche por paisajes áridos en busca de ayuda para que alguien lo entierre en el momento de su suicidio es una película muy triste, muy melancólica, muy discursiva, muy filosófica pero de una sutilidad tan y tan grande que para muchos será imposible de comprender. Con una importancia capital de sus paisajes secos, con un final de nuevo con cine dentro del cine que desconcierta pero que trasciende y tocada por la gracia de la sublimidad, la película está muy lejos de ser plato de todos los gustos, pero deja huella imborrable en los que sabemos disfrutarla.


miércoles, 29 de marzo de 2017

Cine latino: Luis Estrada (México)

Tras cuatro posts de esta sección de cine latino que dedicados a Argentina, Brasil, Colombia y Chile, por fin dedicamos hoy uno a México, sin duda el país latinoamericano que realiza el cine que más me interesa hoy en día. Y el director elegido para la ocasión es Luis Estrada y para ser concretos, sus tres últimas películas.
Aunque esta sección hasta ahora había estado formada por sesiones dobles (y lo seguirá estando) a sugerencia de Daniel Gálvez de Cine Latino, que como dije al iniciar esta sección es quien me ha sugerido la mayor parte de los títulos que conforman la misma, en este caso caso concreto hablaremos de tres películas que forman una especie de trilogía devastadora sobre México y su corrupción.


La ley de herodes (1999)

La acción se sitúa a finales de los 40 y principios de los 50 para hablarnos de la política, su poder de corrupción hacia las personas y de la distorsión que el poder puede ejercer sobre el individuo. El film sin duda es muy brillante y cuenta con la brutal actuación (es el actor principal en la trilogía) de Damián Alcázar, un actor que hasta hace poco no conocía y que ahora me parece de lo mejorcito del panorama actual mundial. Un pueblo de mala muerte, mucha influencia literaria rural y con ese nivel de esperpento que tan bien saben plasmar los mexicanos, una fotografía genial de tonos mates, un humor que recorre la historia pero que ante el transcurso de los acontecimientos se vuelve de una acidez espeluznante y las brillantes actuaciones de Alcázar y el resto del reparto hacen de La ley de Herodes una de las mejores películas mexicanas de los últimos años, una parábola en que se nos cuenta la típica historia de que el poder corrompe pero realizada e interpretada con tanto talento y llevada a unos extremos de paroxismo y caricatura tan delirantes que la supuesta falta de originalidad del argumento devienen en una experiencia sin duda novedosa y lejana a los cánones habituales. Muy localista y al mismo tiempo muy universal. Buenísima.


Un mundo maravilloso (2006)

Tras siete años Luis Estrada vuelve a realizar una película, otra vez interpretada por Damián Alcázar y pese a estar realmente bien, está un peldaño por debajo de su antecesora. En esta caso el director se decanta definitivamente por la comedia en tono de cuento. De nuevo la política sale malparada pero en este caso no va a ser la única. Y es que este cuento con tintes de Berlanga, pero también con la cierta buena intención de ¡Qué bello es vivir!, con la sencillez de Chaplin e incluso con el humor local de Cantinflas arremete contra todo el que se le pone por delante. Con humor pero con una terrible acidez. Los citados políticos, pero también los periodistas, los asesores, la alta sociedad, la religión e incluso el grupo de pobres que se convierten en protagonistas no se salvan de la quema, de un retrato que pese al humor no puede dejar de manifestar el nihilismo que el director muestra por la sociedad que le ha tocado vivir. De nuevo gran dirección, de nuevo grandes interpretaciones, de nuevo secuencias con una muy buena fotografía y de nuevo muy mala leche para componer una película que pese al pastiche de influencias se ve como algo original y anacrónico pero que pese a algunos momentos sublimes termina por tener otros mediocres y resultar en su conjunto buena, pero algo irregular. Y con un final realmente opinable.


El infierno (2010)

Nominada al Goya a mejor película latina y ganadora de casi  todos los premios Ariel (9) de la cinematografía mexicana de aquel año, a mí El infierno sin parecerme una mala película, ni mucho menos, me parece la más floja de ésta de momento "trilogía" sobre el poder y la corrupción (La verdad sospechosa que se estrenará en 2013 parece continuar la honda). En este caso sí que la película es menos universal y el localismo de la historia parece cargar más las tintas en el narcotráfico mexicano. Lo que ocurre es que pese a la buena actuación de nuevo de Damián Alcázar, la realización en este caso se me antoja más plana, más de piloto automático, con una fotografía menos lograda, una duración (150 minutos) a todas luces excesiva y una historia, la del hombre que regresa a su México natal y ante la necesidad se arriesga con el narcotráfico hasta que todo se le escapa de las manos, que en este caso sí suena a algo tópica y produce el molesto déjà vu que pese a los temas tratados había logrado evitar en las anteriores dos películas de su filmografía. Uno tiene la sensación que tras las otras dos obras, más frescas, más auténticas, aquí Luis Estrada pretende llevar su temática hacia la película definitiva y tales pretensiones lo alejan en parte de sus logros anteriores. Si no se han visto las dos anteriores la película puede gustar mucho, en caso de haberlas visto quizás puede saber a más de lo mismo y peor. O quizás no. Pero es lo que a mí me ocurrió.

Lo que si os digo sin duda es que si no os habéis acercado al cine de este hombre, empecéis por donde queráis, pero no lo dejéis en el olvido. Es muy superior a la media.



miércoles, 15 de marzo de 2017

Filmografía de Eduardo Sánchez: El hombre que pasó desapercibido tras co-dirigir The Blair witch Project

Tras tanto post serio y grandilocuente y extenso, vamos a irnos por el lado del terror y del cine menos conocido y menos actual en el modesto post de hoy. Vamos a hablar de uno de los dos directores de una de las películas más influyentes del cine de terror moderno: El proyecto de la bruja de Blair. En concreto de Eduardo Sánchez, co-autor de la película aludida y de tres largometrajes posteriores que han pasado bastante desapercibidos para el gran público y de forma no del todo justa.
Seamos claros. El cine de Eduardo Sánchez no es genial. Su irregularidad, incluso dentro de una misma película es obvia. Su condena a lidiar con bajos presupuestos tras su ópera prima tampoco le ayuda en exceso. Pero justo por este motivo, considero que Eduardo Sánchez suele salirse por encima de la media en los resultados globales de sus películas y que solventa con cierta artesanía y buen hacer buena parte de su obra, donde otros con sus nimios presupuestos caerían en el más profundo ridículo. Es lo que se llama ciertas dosis de talento. Pero hagamos un breve repaso a sus cuatro películas:

El proyecto de la bruja de Blair, amada y odiada por el público, es una de las películas más influyentes (para bien o para mal) del cine de terror de los últimos 25 años. Creo que esta afirmación es sin duda indiscutible. Luego cada uno ofrecerá su valoración. La mía es que es una de las mejores películas de terror de los últimos 25 años y que debería figurar sin ninguna duda en una antología de las mejores películas de la historia del cine de terror. Porque más allá de su acertado marketing, la película co-dirigida por Eduardo Sánchez y Daniel Myrick es un tratado del terror puro, visceral. De aquel que sentimos de forma abstracta basándonos en ciertos referentes culturales o populares que sin quererlo nos acechan. La bruja del título es solo uno de los temores de los personajes perdidos en el bosque. Porque en realidad el terror es a la oscuridad, a la soledad, a lo desconocido, a nuestra propia capacidad de generar terror de lo abstracto. La cinta, rodada con un presupuesto ínfimo y con actores no profesionales y con la cámara en mano logra unos resultados espectaculares, con momentos de terror puro como pocas veces se han mostrado en una pantalla de cine y un final ejemplar que muchos han copiado sin exhibir tanto talento. El cine de terror mockumentary o found footage alcanzaba una cumbre que decenas de películas después no ha sido ni superado, ni igualado, ni tan solo nadie se ha acercado de ninguna manera. Una auténtica maravilla vilipendiada por muchos y amada por otros. Historia del cine de terror hace muchos años. Por algo será.

Tras esta película y tras un mediometraje para explotar el filón de la bruja por televisión, ambos directores se separan e inician desiguales y bastante fracasadas carreras en solitario. La segunda cinta dirigida por Eduardo Sánchez es Altered. Y pese a ciertas irregularidades y un final bastante triste no está nada mal. Es otra película con cuatro personajes y casi una sola localización en su mayor parte de metraje que saca unos resultados muy destacables de una premisa a priori ya tratada hasta la extenuidad en el cine de terror. Pero la dirección de Sánchez hace de esta película de extraterrestre atrapado que tras ser encerrado en una casa buscará venganza nos recuerde a veces a La cosa de Carpenter, otras a cintas del estilo putrefacto de Cabin Fever, la ópera prima de Eli Roth y solo a veces nos recuerde un cierto cine de tono casposo no del todo acertado. La valoración final es más que positiva y la tensión que el director logra crear de las relaciones personales en un momento de tensión y miedo extremo en un espacio cerrado no están al alcance de todos los pulsos.

Su tercera película quizás es su cinta más floja, pese a un inicio más que prometedor. Quizás porque de alguna manera el director intenta triunfar haciendo ciertas concesiones en su guión y el tiro le sale por la culata. Estamos hablando de Seventh Moon que tiene un arranque muy prometedor de terror minimalista y auténtico muy en la linea de la ópera prima del realizador o del Ti West más inspirado pero pronto se desmorona. Lo que el director tenía por contar, la idea inicial, termina pronto. Y claro hay que llenar el metraje. Esto es un largo. Así que la historia se alarga sin justificación, se repite, aburre y pierde fuerza hasta llegar a un final pésimo, efectista, con un guión que hace aguas y que termina por lastrar el vago recuerdo que quedaba de su esperanzador inicio. Muy flojita. 

Sin embargo, su última cinta, Lovelly Moly es quizas su mejor película desde aquella lejana ópera prima del 1999.  Y es que Eduardo Sánchez la acierta con esta nueva vuelta de tuerca en el tema de posesiones. Una chica recién casada se traslada a su casa familiar que llevaba años abandonada. Pero algo del oscuro pasado de su infancia parece escondido en la casa, en forma de ente y está dispuesto a volver a atemorizarla. Obsesionada, temerosa, la adorable Molly del título empezará a degenerar física y emocionalmente hacia un estado de trastorno. Con secuencias muy logradas de terror paranormal, con explicaciones y conclusiones ambiguas e incluso con una ciertas intenciones que trascienden en mucho el mero género de terror la película es algo irregular, cierto, pero muy reivindicable.



miércoles, 1 de marzo de 2017

Apuntes sobre Nicolas Winding Refn


 La primera película que yo vi de Nicolas Winding Refn, cuando su nombre no era más que el de otro director que está empezando, se remonta al año 2003 en el festival de Sitges. Su títulos Fear X. Aún recuerdo el silencio que se hizo tras finalizar la proyección en un festival en que se aplaude a casi todo, menos a veces a lo realmente bueno. Yo estaba fascinado. Fear X es un onírico viaje a los infiernos del dolor y la culpa, del odio, del rencor y finalmente a la esperanza de la redención en una de las películas lynchnianas (dicho con todo el respeto al maestro) más merecedoras de dicho calificativo, que se suele usar con estúpida asiduidad, que yo haya visto jamás. Con un John Turturro en estado de gracia y con una dirección brillante, precisa, inquietante y malsana, Fear X es una gran película que no me he cansado de reivindicar desde entonces, primero en privado, y nada más abrir el blog en mi lista de 200 imprescindibles de la década pasada. Aprovecho por enésima vez la ocasión para volver a hacerlo.

Fear X era la tercera película de Nicolas Winding Refn, su ópera prima fue Pusher: Un paseo por el abismo (una de las dos que he aprovechado para ver ahora, a raíz de este previo Sitges) en el año 1996, a la que siguió la poco conocida Fuera de sí justo antes de iniciar nueva década. Después de Fear X llegaría la segunda y tercera parte de Pusher (Con las manos ensangrentadas y Soy el ángel de la muerte) como cuarta y quinta película de su filmografía y antes de este Only God forgives vendrían Bronson, Valhalla Rising y la aclamada Drive

En mi particular descubrimiento de la filmografía del danés, la segunda película que vería sería Bronson, al darme cuenta de que aquella película que estaba circulando por festivales es del mismo director de Fear X. La verdad es que recuerdo muy vagamente Bronson y por ello no voy a dedicarle una reseña seria, pero sí recuerdo la enorme decepción y el aburrimiento que me supuso su visionado, una especie de cinta a lo Guy Ritchie aún peor que las del inglés (que no es santo de mi devoción) vacía, histérica y redundante. La suspendí sin compasión. Y probablemente allí hubiese acabado mi relación con este director (lo que hubiese sido un tremendo error) si no hubiese aparecido la sobresaliente Drive, hasta la fecha su mejor película, aunque como vamos a ver a día de hoy hay tres películas suyas (y me faltan tres por ver) que me resultan notables. De Drive no voy a decir nada a estas alturas. La vi en el festival de Sitges de hace dos años, la puntué con cinco estrellas de inmediato, la coloqué como la mejor cinta vista en el certamen y poco después, como el mejor estreno del año 2011 (os dejó aquí mis breves impresiones en Sitges 2011).

Así pues tras el anuncio del pase de Only God forgives en Sitges y mirando su filmografía para ver alguna película suya que no hubiese visto hasta ahora decidí hacer una sesión doble (en la que reconozco no tenía excesivas esperanzas) con su primera cinta, Pusher: Un paseo por el abismo y la cinta anterior a Drive, Valhalla Rising, películas a las que separan trece años. La primera es notable, la segunda la flipé y es de notable también, de los que casi se van aún más arriba en la calificación.

                                    
                
Pusher es una ópera prima hecha sin demasiado presupuesto y que nos recuerda a algunas de esas películas nórdicas que ahora ya conocemos en las que casi parece haber un toque amateur en la realización y en la factura. De estética algo granulada y sucia, la película empieza como una historia de camellos de poca monta bastante tópica, para poco a poco irse cargando de un guión de toques tarantinianos muy bien resueltos, un humor contundente y corrosivo, pero sobre todo un nervio en algunos momentos de la narración realmente destacable, en que podemos oler la histeria en la que se sumerge el protagonista, su desesperación. La cinta logra aunar thriller y drama no exento de ironía, todo bien cargado ya de una considerable violencia y la concluye de forma fantástica, para dejar el buen sabor de boca definitivo. Una ópera prima realmente potente y destacable, muy en la tradición de cierto cine de drogas nervioso y algo pasado de rosca que se realizaba a finales de los 90, de la que ahora mismo me apetece descubrir sus dos continuaciones. Muy interesante. 


               
Valhalla Rising es de esas películas que me pueden. Primero de todo quiero dejar claro que estoy segurísimo de que mucha la gente la odia, o la odiará si la ve. Para mí fue una experiencia fascinante de la que solo me sabe mal no haberla podido disfrutar en una sala de cine. La acción se sitúa en plena Edad Media y nos muestra a unos vikingos y a un enigmático y fuerte y violento guerrero al que le falta un ojo. Un guerrero que tienen cautivo y que usan para luchas de circo y que logrará escapar. Pero el guión, la verdad, es lo de menos en esta película pretenciosa y vacilona que juega con la paciencia del espectador y que deja la narración en un segundo plano a merced de una estética y una ambientación alucinante. Con enormes paisajes naturales bellamente fotografiados, cargada de ralentís excesivos, continuados, haciendo gala de una violencia extrema, repleta de niebla y de dolor y de bestialidad, Valhalla Rising es una experiencia onírica que o bien te fascina o bien termina contigo, una cinta atrevida y sin ningún tipo de mesura, alucinógena y que demuestra antes de Drive la fascinante capacidad de dirigir de un realizador que crea belleza de la violencia, del desarraigo, del dolor, del gore. Que crea mundos, universos, que se deja influenciar pero que respira autenticidad. Brutal. 





martes, 21 de febrero de 2017

Mis apuntes sobre Brillante Mendoza






Excepto El masajista, todas la películas que había visto hasta la fecha de Brillante Mendoza me parecen como mínimo de notable y en dos casos dignas del sobresaliente. No ha variado para nada mi admiración por el filipino tras poder visionar otras dos cintas suyas para este previo Sitges, Tirador (2007) y Manoro (2006). Ambas merecen un ocho sin ninguna duda. La primera la vi porque un familiar me tradujo unos subtítulos del francés al español. No los he colgado en la red porque dicho familiar vivió en África hace más de diez años y tras perder la práctica del idioma, los subtítulos eran justitos (además los tradujo sin la película delante, lo que es un gran handicap). Pero a modo personal y sabiendo de sus muchas imperfecciones, para todos aquellos interesados que quieran disponer de ellos, me pueden envíar un mail a davidamorosn@gmail.com y se los haré llegar. Una cosa os aseguro, son suficientes para entender lo necesario del film. Manoro la vi en una copia que circula con subtítulos en inglés. Hay una gran parte no dialogada y la dialogada, la pude seguir en un porcentaje bastante elevado, así que os podéis lanzar a ella sin miedos. Se sigue sin problemas. 

Manoro, la tercera cinta de Mendoza, se mueve muy cerca del cine documental, flirteando con él, dotándolo de ficciones para explicar una historia y mostrarnos unos lugares. De hecho es habitual en Brillante Mendoza ese cine fronterizo entre el documental y la ficción en alguna de sus pelis y también que en sus películas tenga tanta o más importancia los lugares que nos muestra como las historias en sí. En Manoro nos alejamos de las habituales chabolas de Manila o de la parte más ruidosa y caótica de la ciudad para sumergirnos en la Filipinas rural, totalmente aislada y casi olvidada. Seguimos a una niña aeta (una de las minorías del país que suelen ser marginadas) que tras terminar sus humildes estudios regresa a su poblado con el objetivo de ayudar a votar a sus familiares y gente próxima en las elecciones que se celebrarán en breve. Tanto las dificultades de la burocracia a la hora de admitir el voto como el hecho de tener que saber escribir y leer para emitirlo, termina con la abstención obligada de una amplia mayoría de estas zonas. Mendoza nos muestra como vive esta gente aislada en su medio rural, nos muestra las dificultades para emitir el voto, nos muestra la relación de la chica con sus allegados y en un intermedio de más de un tercio de la película, sigue a la chica y a otro personaje cámara en mano por los paisajes grandiosos que rodean al poblado, en busca de una tercera persona, en lo que quizás es el mejor momento de un film que muestra muy pronto la madurez del director filipino y su particular universo y manera de acercarse a la narración. Francamente buena. Notable de los altos.

Por su parte Tirador es la cinta justamente anterior a Foster Child. Ahí Mendoza sí que se acerca a las chabolas de Manila para explicarnos una historia sin una linea argumental demasiado definida. A partir de mínimas historias de diversos habitantes de dicha zona a modo de película coral, lo que realmente le importa a Mendoza es que dicha zona sea un personaje más, perfecta para enmarcar  las dificultades de sus habitantes para salir adelante en la vida, de sus miserias, su necesidad de delinquir (de ahí el título de la peli) y como no su caos, su violencia. Y la ruina pero al mismo tiempo cierta vitalidad en una forma de vivir callejera que a veces parece cobrar sentido. 
Los materiales habituales de Mendoza emergen una y otra vez durante el visionado de Tirador, quizás no tan depurados como en sus siguientes films, pero sí ya lo suficientemente potentes como para llamar la atención de su talento: El enorme caos, el sexo, las gentes desfavorecidas, la vida cotidiana y esos momentos de una belleza inesperada que surgen y fluyen y te enganchan a la pantalla como hipnotizado. 
Una película que más que una historia al uso es una auténtica experiencia audiovisual y sensorial, lo que no le resta que en algunos momentos nos llegue como historia coral e incluso nos emocione. De nuevo notable y muy recomendable recuperarla para los fans del director filipino.

martes, 14 de febrero de 2017

Mis apuntes sobre Kiyoshi Kurosawa


El director japonés Kiyoshi Kurosawa lo descubrí, como tantos otros, en el propio festival de Sitges hace algunos años. Además solía entrar en muchas listas de cine de terror de la pasada década (sobre todo de terror oriental) con su aclamada Kairo, así que pronto me vi tanto en el festival como en casa algunas de sus obras. Es un director muy especial, no apto para todos los gustos, que suele realizar películas de terror muy lentas y con un gran componente dramático o dramas en que en algunos casos aflora un componente fantástico. Sea como fuere su estilo parsimonioso, su capacidad para provocar tensión casi de la cotidianeidad (un poco como Ti West pero en japo) y su capacidad para escribir y filmar relatos fronterizos genéricamente hablando le ha dotado de un número considerable de seguidores, sobre todo en el panorama festivalero.  Yo confieso que prefiero de mucho el Kurosawa que rueda terror, me parece mucho más auténtico, así que pese a que el trailer da un poco de miedo (del malo, me refiero), sin duda este director irregular, sí, pero a veces fascinante que se coló en mi reciente top-60 de directores en activo,  :



Hasta ahora había visto bastantes películas de Kiyoshi Kurosawa pero dada su extensa filmografía, muchas menos de la mitad. Mi orden de las que había visto hasta ahora sería el siguiente:

1- Retribution, creo que una obra maestra del terror paranoico, onírica, lynchniana y aterradora. Me fascina.

2- Seance, una apuesta muy personal. Tv-movie de gran factura con todo ese terror de la cotidianeidad que tanto me gusta del japonés. A descubrir.

3- Kairo, quizás la cinta más mítica suya y sin duda la que le dio a conocer en Occidente para la mayoría. Irregular pero a ratos fascinante y mezcla, con su estilo, terror, soledad y filosofía, que no es poco.

4- Tokyo Sonata, su drama más reconocido y último largometraje hasta la fecha, sin duda es una buena película pero su rasgo distintivo como director de fantástico es aquí casi invisible y se acerca a otras cintas niponas similares.

5-Loft, una película rajada sin compasión por casi todo el mundo. Tiene un final malo de traca, lo reconozco, pero hasta entonces tiene lo que más me gusta de Kurosawa, ese terror minimalista y casi insustancial que viene de lo cotidiano, más de nuestros miedos que de lo que ocurre. Y ese ritmo tranquilo fascinante.

6- Cure, este thriller bastante primerizo en su filmografía tiene muy buena crítica habitualmente, pero a mí me recargó un poco en su guión loco y desmesurado. De todas formas, recomendable. 

7- House of bugs, la única película suya que hasta ahora  había suspendido. Una tv-movie torpe y sin gracia en que su estilo contemplativo, al no estar cargado de talento, pasa a ser directamente aburrido.

Al encarar este previo Sitges y decidir lo que quería recuperar de su filmografía, un visionado lo tenía muy claro, su última obra, una miniserie de cinco capítulos y más de cinco horas de duración que se pasó enterita y seguida en el pasado festival de San Sebastián. Su título Shokuzai (Penance). Ya que veía la última obra del realizador y dado que la primera suya que había visto era Cure, su quinta película, ¿por qué no la primera?, así que también apunté a la lista de visionados Kandagawa wars. Y para finalizar quería acercarme a alguna de sus películas más reconocidas que hasta ahora no había podido ver. La elegida: Brigh future.

El resultado, muy irregular, paso a detallarlo a continuación con especial atención a lo que realmente quería ver y de lo que menos se ha hablado, su serie Shokuzai (Penance).


Poco me voy a detener con Kandagawa Wars. Todos tenemos nuestros orígenes pero está claro que, en algunos casos, sería mejor obviarlos. La primera cinta de Kiyoshi Kurosawa, de una hora escasa, de factura muy amateur, no solo no tiene nada que ver con su posterior obra cinematográfica, ni en factura, ni en intenciones, si no que además es terriblemente mala. Patética diría. Una especie de comedia absurda con fuerte carga erótica, muy exploit, sin gracia y lo que es peor, sin ni tan solo morbo. Un despropósito que no hacía augurar nada bueno en la carrera del director japonés. Por suerte evolucionaría. Y mucho.






Lo decía en el previo. Reconozco que donde realmente me fascina Kurosawa es en sus cintas de terror atmosféricas, minimalistas, que se toman su tiempo y que se acercan al drama, fusionando ambos géneros. Cuando el director japonés se lanza abiertamente al drama, ni que sea con un componente fantástico como en Bright Future que nos compete, en mi humilde opinión pierde el rasgo distintivo y pasa a parecerse a otros directores asiáticos que tratan la soledad desde posiciones minimalistas, contemplativas y algo apáticas. En Bright future, la historia de dos chicos que se aman y que se enfrentan a un destino  a que su estupidez les ha llevado, se eleva a veces con los momentos oníricos de las medusas o con alguna verdad absoluta entre uno de ellos y el padre del otro, pero, la verdad, es que me provoca cierta indiferencia en la mayor parte de su metraje. Quizás fuese el día...

Y vamos con el que era el último trabajo hasta la fecha de Kiyoshi Kurosawa, Shokuzai (Penance), traducido aquí como "Expiación". Primero de todo quiero decir que la serie, de cinco horas, es muy irregular y que en algún momento he dudado si otorgarle esta cuarta estrella, pero tras algunos minutos de reflexión creo rotundamente que la merece. Nos encontramos ante un thriller presentado en cinco partes con una fuerte carga dramática. De hecho me atrevería a decir que en la mayor parte de su duración es un drama con leit motiv de thriller y que solo en algunos instantes, como en el tramo final, el thriller toma la preferencia genérica.
El principal problema de Shokuzai es que su primera media hora es probablemente lo mejor de la serie, con el handicap que ello presupone. El asesinato a una niña, el silencio de las compañeras que han podido ver al asesino, una madre desesperada y vengativa y un salto en el tiempo, quince años después, para seguir a una de las testigos, en su extraña y caótica vida, en que no ha podido olvidar el crimen del pasado ni su silencio. En este primer episodio, sobre todo en la primera mitad encontramos alguno de los rasgos distintivos de Kiyoshi Kurosawa que más me apasionan: instantes de terror cotidiano, terror que viene más por nuestros propios miedos que por lo que la película muestra, ritmo muy lento que nos va descubriendo a los personajes, cierto onirismo, soledad sin solución, tristeza existencial...
Pero el tramo final de este primer episodio se hace algo repetitivo. Y lo peor es que en el segundo y tercer episodio, en que la historia sigue a otras de las niñas que fueron testimonio del asesinato, de nuevo quince años después, parecen un poco de relleno y son sin lugar a dudas lo más flojo de la serie. Pero claro, dos capítulos flojos no son pocos de cinco. Por suerte en la cuarta la historia emerge de nuevo y en el quinto no solo vuelve a subir aún más el nivel si no que además vuelve a cambiar de género acercándose a este cine asiático (normalmente coreano, pero no olvidemos por ejemplo Confessions) de venganzas rebuscadas e hiperbólicas que tanto suelen gustarnos.
El resultado final, visto su conjunto, es realmente notable, pese a esa irregularidad que desprende el conjunto.